Foto: EVARISTO SA © Scanpix

Golpe en Brasil. ¿Te afecta? ¿Qué hacemos?

Les agradezco a los chicos de DiscoTeQuiero por confiar en mi mirada para transmitir algunas percepciones en relación al Golpe llevado a cabo en Brasil, finalmente consumado el día 31 de agosto.
También agradezco por publicar notas sobre temas políticos en un portal que es sobre «Música, Arte y Fotografía». Me alegra saber que en este sitio se parte de la base que la política atraviesa todo lo que hacemos, incluso estas dimensiones tan subjetivas.

En primer lugar, sí. Hablo de Golpe. En esto, no soy objetiva ni neutral. En los años que pasé por mi querida Facultad de Ciencias Políticas aprendí que la neutralidad no existe. Y que esa palabrita también está cargadísima de ideología. Por eso, sí, hablo de Golpe, así como hay otros que hablarán de «Proceso Institucional». Acá en Argentina, lo que mi generación y las más jóvenes conocen como «los tiempos de LA dictadura» (porque fue la peor, la más sangrienta y horrorosa) en su momento fue llamada como «Proceso de Reorganización Nacional». O sea que si empezamos a cuestionar las denominaciones, ya nos damos cuenta que siempre vienen cargadas de valores.

En fin, yo me paro desde el lugar del «Golpe». Y, ¿por qué digo esto? Porque a la presidenta destituida en Brasil la votaron 54 millones de personas. Pasaron por encima de eso. Cortita la bocha. Lo que pasó tiene que ver con el fenómeno mejor conocido como rosca política a cargo esta vez, de tipos efectivamente acusados de corrupción y ultra mega conservadores (algo terrible a mi juicio, pero bueno, pueden existir personas que estén de acuerdo con esta visión de la vida), que organizaron la movida para sacarla del poder. Hay pruebas, escuchas telefónicas, y cualquiera que analice un poco la situación puede darse cuenta que esto empezó a ser pensado hace tiempo. En las elecciones pasadas, la oposición perdió por muy poquito. Se quedaron con la espina, aprovecharon una mala coyuntura económica que generaba descontento en la gente y dijeron, pum, la volteamos. Juntaron los votos necesarios y el proceso se dio así.

Si entramos en la movida de la rosca política, ustedes dirán que ahora asume un vicepresidente que Dilma en su momento eligió para aliarse y ganar las elecciones. Claro que sí. La política es rosca y alianzas… Tejes y manejes necesarios para construir consenso y gobernabilidad. Pero bueno, claramente el hecho de incluir a sectores conservadores, tuvo su precio. Para traiciones políticas, tenemos casos muy claritos y basta con mirar un poco a referentes políticos que viven en nuestra provincia, y acordarse de la que se armó hace poco en nuestro país, pero no voy a entrar en ese tema ahora…


Ver como algunos sectores chic de la sociedad militaban a favor del Impeachment en las chetísimas calles de Ipanema, con pancartas que decían «Queremos el Brasil “Blanco” de nuevo»… me resultaba muy fuerte.

De todos modos, no quisiera profundizar en la explicación del modus operandi político que posibilitó la destitución de Dilma. Pueden leerlo en otras notas de tono más informativo. Lo que yo quiero transmitir aquí, es mi visión de las cosas, como ciudadana argentina, flechada por Brasil en lo más profundo de mi corazón.

Volviendo a lo mismo, no puedo ser objetiva. Yo estoy enamorada del pueblo brasilero, de la gente, de su cultura. Y mucho de lo que yo vivo y siento tiene que ver con haber conocido un Brasil que se perfilaba como potencia mundial, con oportunidades para muchos, con pasar mis días en las calles de Rio de Janeiro y ver la alegría de las personas. Más allá de aspectos culturales, la ampliación de posibilidades para los brasileros tiene un nombre y un apellido, le pese a quien le pese y es Luis Inácio Lula da Silva. En él se cristaliza un cúmulo de políticas públicas destinadas a equilibrar un poco esa sociedad que está atravesada por la desigualdad, por no decir… por la esclavitud!(Y el racismo, obviamente!). Entonces, ver como algunos sectores chic de la sociedad militaban a favor del Impeachment en las chetísimas calles de Ipanema, con pancartas que decían «Queremos el Brasil “Blanco” de nuevo»… me resultaba muy fuerte.

Muy fuerte, porque sabemos que lo que está detrás de esta movida, son intenciones políticas claras que tienen que ver con adherir a un modelo neoliberal y volver a patrones de servilismo del estilo, «ser la periferia obediente de los dueños del mundo».

Y en ese sentido, también siento que se juegan factores difíciles. Ser argentina y vivir en Brasil me hizo dar cuenta de las distintas reacciones que tiene el pueblo en situaciones de este estilo. A simple vista, observo que los argentinos reaccionan políticamente, estén informados o no, se enojan, se angustian, y se movilizan para lograr lo que les parece. Yo no sentí eso en Brasil, por lo menos a una gran escala. Vi a un pueblo mucho más acostumbrado a ser «mandado» por otro(s) que «saben» lo que tienen que hacer… y «qué le vamos a hacer… si total…»


Había más gente viendo jugar a Flamengo, que interesados en los argumentos que se exponían en la sesión, que no tuvieron fundamentos políticos concretos, sino que citaron cuestiones irracionales, a Dios, a la idea amplia de “bienestar” de Brasil, e incluso juraron en nombre del General que torturó a Dilma en la dictadura.

Pongo un ejemplo ilustrativo: una vez la empleada de un negocio me dijo: «Yo en mi próxima reencarnación, le pido a Dios nacer Gerente de una empresa y no cajera». Es decir que, para muchos ese «destino fatal» que la vida (o Dios) propone, se ve como algo imposible de cambiar. Por eso, el día de la votación del impeachment, en los bares de Río de Janeiro, había más gente viendo jugar a Flamengo, que interesados en los argumentos que se exponían en la sesión, que no tuvieron fundamentos políticos concretos, sino que citaron cuestiones irracionales, a Dios, a la idea amplia de «bienestar» de Brasil, e incluso juraron en nombre del General que torturó a Dilma en la dictadura.

Temer. Foto: NTB Scanpix/Adriano Machado

Entonces, sí: podemos hablar de muchos factores que intervienen en esto. Podría hablar mucho sobre la cultura machista en Brasil….. Otro párrafo aparte. Muchos hombres, que literalmente se creen dueños de sus mujeres… de las mujeres…. Entonces, una presidenta electa, dos veces… Calculo que eso, por ejemplo, a un «macho» carioca debe generarle un poco de ruido. Quizás les cierra más pensar que puede «sacar adelante» al país en este momento un tipo que tiene pinta de Playboy con una mujer que parece una Miss Universo, 43 años más joven que él.

En fin, como todo fenómeno, tiene mil aristas de análisis. Yo no quería entrar acá en tecnicismos, ni escribir algo en tono académico, sino contar un poco lo que yo vivo desde mi experiencia en Río de Janeiro. Seguramente otros tendrán diferentes visiones de los hechos. Aclaro que mi lugar está en la ciencia y en la universidad, dos ejes de desarrollo vinculados directamente al Estado. Entonces, al igual que en el caso de nuestro país, en esos ámbitos en Brasil también se ven de forma muy clara los inmensos avances generados en los últimos años, y se sienten las grandes amenazas para los años que se vienen.

¿Qué hacer entonces? Bueno, hay una sola salida: militar, participar políticamente, interesarse … Llámenlo como quieran.